jueves, 1 de mayo de 2008

El 3 de mayo en Madrid: Los fusilamientos de la montaña del Príncipe Pio (Goya)

Sin duda alguna, el cuadro más importante y emblemático de Goya, relacionado con la Guerra de la Independencia es el de El 3 de mayo en Madrid: los fusilamientos de la montaña del Príncipe Pío.

La obra representa la ejecución de patriotas por las tropas francesas. Goya nos muestra una escena nocturna, donde tenemos un potente foco de luz dentro del cuadro: un gran farol colocado en el suelo que enfoca directamente a los cadáveres y a los prisioneros que están a punto de ser fusilados. Tenemos la obra dividida como en dos partes, a la derecha el pelotón francés, del que solo vemos las espaldas y las armas, y en el lado derecho tenemos al bando español, que espera ser ajusticiado.

El grupo de civiles que va a ser fusilado en el cuadro de Los fusilamientos, podríamos agruparlos en tres momentos: pasado, presente y futuro; los que ya han sido fusilados, los q
ue están a punto de morir y los que están en la fila de prisioneros esperando su triste final.

En el grupo de patriotas hay un hombre arrodillado que sobresale del resto, con una
camisa blanca que nos da también una gran luminosidad al cuadro. La figura es extraordinaria, Goya nos pone a este hombre, muy iluminado, tanto por la luz que le da el foco como por la indumentaria que lleva, y hace que nuestra mirada se centre en él. En el rostro de este hombre vemos reflejado el horror, el miedo, la tristeza, la desesperación, y la súplica. Es, desde mi punto de vista, una de las figuras más logradas y con más transmisión de sentimientos al espectador de toda la pintura de Goya.

Este hombre ha sido comparado muchas veces con otra obra de Goya: La C
rucifixión que pintó en 1780, como trabajo para poder entrar en la Academia. Nos puede recordar al cuadro religioso en los brazos extendidos y en la colocación de la cabeza, ligeramente inclinada hacia delante y a la izquierda. Incluso podemos ver otra similitud iconográfica, ya que si nos fijamos detenidamente en la mano derecha de nuestro hombre, que es donde lo apreciamos mejor, podemos ver como esta está agujereada, como si hubiese sido atravesada con un clavo u otro objeto punzante, lo que nos hace relacionarlo con las manos de Cristo clavadas en la cruz. También se podría poner en relación en el espacio donde se sitúa la escena, ya que nuestra escena se sitúa en las afueras de Madrid, sobre una colina, y la escena de la crucifixión de Cristo se realizó en el Monte Golgotá, y las casas del fondo en vez de ser Madrid, podrían interpretarse como Jerusalén.

Esta si me parece una gran obra maestra del aragonés. Nada más que decir.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Según tengo entendido la sangre que aparece en el suelo fué pintada directamente con las manos por el maestro.

Oselito.

Antonio Mechó dijo...

No se si habrás visto el número de abril de "Descubrir el Arte", hay un interesante artículo sobre la restauración de las dos obras de Goya. Imprescindible.

ALMA dijo...

Antonio, pues no, no he visto el artículo. No tengo tiempo para nada. Si que se que se han restaurado estos dos cuadros y alguno más con motivo de la exposición, pero no he seguido con detenimiento los procesos de restauración.