viernes, 20 de junio de 2008

Carlos Ruiz Zafón: El juego del ángel


Últimamente el aburrimiento se está apoderando de mi, y mucho de mi tiempo libre lo dedico a leer. La semana pasada puse un fragmento del libro que estaba leyendo sobre las Meninas, Los espejos paralelos, que titulé ¿Qué pintaba Velázquez en las Meninas?. El libro me gustó.

Ahora, ando leyendo El juego del ángel. El autor, Carlos Ruiz Zafón, quien es uno de mis autores favoritos. El libro de momento no va mal. Una vez más, como me suele ocurrir siempre con este autor, es un libro que me ha enganchado. Como ya hice con mi anterior libro, dejo aquí otro párrafo de Zafón.


La envidia es la religión de los mediocres. Los reconforta, responde a las inquietudes que los roen por dentro y, en último término, les pudre el alma y les permite justificar su mezquindad y su codicia hasta creer que son virtudes y que las puertas del cielo sólo se abrirán para los infelices como ellos, que pasan por la vida sin dejar más huella que sus traperos intentos de hacer de menos a los demás y de excluir, y a ser posible destruir, a quienes, por el mero hecho de existir y de ser quienes son, ponen en evidencia su pobreza de espíritu, mente y redaños. Bienaventurado aquel al que ladran los cretinos, porque su alma nunca les pertenecerá.
Carlos Ruiz Zafón, El juego del ángel

2 comentarios:

Gómez de Lesaca dijo...

Nestor Luján escribió otro libro, centrado en la época de Felipe IV, creo que su título era POR VER VUESTRA ESTRELLA MARÍA, centrado en la visita del Príncipe de Galesa a Madrid, en su intento de concertar su matrimonio con la Infanta María.

La verdad es que el inglés llevó a cabo esta operación sin las más mínimas consideraciones al protocolo y a las normas de la diplomacia de la época. Puso a Felipe IV en un gran aprieto.

El proyecto salió lógicamente mal, por cuestiones probablemente teológicas ya que Carlos Estuardo era anglicano y la Infanta católica. El Estuardo se largó desairado.

Probablemente fue el origen del ataque inglés a Cádiz en 1625, en cuya defensa participaron voluntarios y caballeros particulares de mi ciudad (Jaén).

Hubo, por cierto, toros en Madrid que fueron descritos por Quevedo con la brillantez y causticidad que acostumbraba.

Saludos cordiales.

ALMA dijo...

Gomez de Lesaca, gracias de nuevo por la recomendación de un nuevo libro. Y gracias también por los datos aportados.

Un saludo