martes, 21 de abril de 2009

¡Aficionado, deserción! (Rubén Amón)


En uno de los blogs de El Mundo, podeís leer hoy este artículo escrito por Rubén Amón (que reproduzco íntegramente más abajo) sobre los aficionados y el pobre abono isidril 2009.

RUBÉN AMÓN

21 de abril de 2009.- El aficionado venteño es víctima y cautivo del miedo que le supone perder el abono. Normalmente lo ha heredado de sus padres, y éstos a su vez de los abuelos, así es que deshacerse de las entradas en la kermese de mayo equivale a un atentado patrimonial y a una transgresión de las costumbres familiares.


Llegándose a un disparatado planteamiento según el cual el aficionado conserva el abono no como una respuesta sensible a la oferta taurina de los carteles, sino para evitar que otro ingenuo se apropie de él. Iniciándose de esta manera una nueva línea genealógica sobre el cemento de Alcalá.


Es el resquicio sentimental en que las empresas de Las Ventas han desglosado las arbitrariedades isidriles. No tanto en tiempos del gran Manuel Chopera como en la era Lozano y, particularmente, en la indecente programación de 2009.


Indecente porque las ausencias de los toreros capitales únicamente prueban la incompetencia de los Choperitas y de sus gregarios. Conscientes, como son, de que el miedo a la pérdida del abono garantiza una insólita respuesta a los tendidos, pueden permitirse descabezar el escalafón y hacer unas combinaciones de baratillo. Menos cobran los toreros, más dinero ganan los empresarios. Y la plaza, llena, padece la siniestra corrupción.


Las explicaciones de la comandita madrileña radican en los dineros descomunales que ha solicitado José Tomás. Es la primera vez que se airean con tanta claridad los honorarios de la profesión taurina, aunque el modo de desenmascarar el tabú resulta particularmente estomagante e indecoroso.


Primero porque la situación de la crisis económica es terreno propicio a la demagogia salarial. Sobrentiende, pues, la empresa en clave paternalista que los 700.000 euros constituyen una inmoralidad y una provocación a los aficionados de la solanera. Y, en segundo lugar, porque Choperita calla y oculta los ingresos multimillonarios que le procuran los 30 llenazos y los derechos televisivos.


No conozco a la mitad de lo toreros que van a San Isidro y no me interesa la otra mitad. Estoy exagerando y delirando, seguramente, pero semejante reflexión personal, justificada en la privación del tomasismo y del poncismo, no es sino la excusa para incitar un movimiento de rebelión en los tendidos: renuncien a sus abonos, escapen a los miedos, distánciense de Las Ventas, atrévanse a contrariar los hábitos de los antepasados. Y, si tienen dudas, lean despacio los carteles de San Isidro. Como un mantra.



Imagen: Alberto di Lolli

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